El existencialismo, el deseo de realización viene, me acaricia, me golpea, juega conmigo y luego se va.
Fluctúo entre la energía del hacer y la parsimonia del ser.
Cuanto más lejos, más tranquilo y más inquieto.
Un impulso me empuja fuerte y me dejo llevar por la inercia hasta casi detenerme. Casi hasta la asfixia.
Entonces sólo espero la corriente que me lleve. La brisa que me devuelva a la vida...
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